Una de las razones del éxito de las redes sociales online es
que hacen posible el ejercicio de la libertad de los seres humanos a niveles
nunca antes vividos, salvo en los primeros tiempos de las comunidades
originarias.
Hoy en día, gracias a Internet, la última de las
herramientas de comunicación que ha hecho posible la masificación de las ideas
y su difusión a escala global, más de un tercio de la poblacion mundial está
conectada y logra a diario expresarse incluso fuera de su ámbito natural. Y lo que es más importante: seres
desconocidos y geográficamente distantes suelen entrar en contacto con otros a
lo largo y ancho del planeta, y compartir por el sólo hecho de hacerlo.
Eso es realmente fabuloso.
Sin embargo, la propia dinámica de la interación a menudo
pone a prueba el sistema nodal global y en ocasiones lo resiente. Todo ello
como consecuencia de las conductas en la red que no se corresponden con la
democracia, el buen vivir, con la convivencia pacífica y civilizada. Esas
conductas reprochables y mezquinas que van a contramano de la realidad 2.0 que a
diario se construye en comunidades globales, diversas y plurales, pero
homogéneas en el propósito de compartir.
Cuando eso ocurre, los policías de la red suelen sugerir y
adoptar entonces medidas tendientes a la
aprobación de instructivos, reglamentos o leyes referidas, por ejemplo, a la
privacidad, a la preservación de los datos personales, a la responsabilidad por
el uso de contenidos, a la protección de los contenidos creativos, difamación,
acoso o cyberbullying, a la protección de la propia imagen, etc, ect.
No dudamos de la eficacia de un control basado en la Ley,
pero apostamos en primer término por un sistema de autocontrol basado en la
ética. La ética entendida como la reflexión última que cada persona -usuarios
de las redes sociales online (RSO) en
este caso- asume respecto a los valores o principios morales universales, tales
como la Libertad, la Solidaridad, la Justicia, el Bien Común…el Respeto Mútuo.
Un sistema así consagrado tiene su soporte en la moral, no
tiene fuerza coactiva ninguna porque pertenece siempre al reino de la
libertad. Es apostar al individuo
oficiante de las redes sociales online, y al cuidado de sí mismo y por ende del
entorno como respuesta social. El cuidado de sí, es ético en sí mismo; pero
implica relaciones complejas con los otros, en la medida en que este éthos de
la libertad es también una manera de ocuparse de los otros, decía Foucault.
Para eso, propone Savater, hay tres posturas de vida, las
cuales -decimos nosotros- son aplicables perfectamente al entorno digital, y
particularmente al de las redes sociales online. Veamos:
1. Coraje para vivir.
Erradicando el miedo, los temores ante el otro, la
zancadilla, el descrédito, lo cual suele verse en los tl, muros, o boards de las redes sociales online donde se
prioriza por la descalificación personal del otro en vez de optar por el
disenso basado en la confrontación de las ideas.
2. Generosidad para convivir.
Eso implica ponerse en el lugar del otro, e intentar desde
esa perspectiva ofrecer todas las respuestas a nuestra propia inconformidad con
el entorno.
3. Prudencia para sobrevivir.
Desarrollando lo mejor de nosotros, creando conciencia tanto
de lo que nos hace mejores como de lo que nos pone en riesgo, lo que nos
destruye. Ni más ni menos lo que se lee en Macbeth: “Yo me atrevo a lo que se
atreve un hombre, quien se atreve a más ya no lo es”.
No pretendemos unas redes sociales exentas de disenso y
confrontación. No propiciamos un entorno digital desprovisto de normas legales.
Sin embargo, aspiramos sí, por encima de todas las cosas, un
entorno de redes en el que los mecanismos de autoregulación sean cada vez más
habituales y efectivos. Mecanismos basados premordialmente en la ética, no en
la ley. Pues, concluyendo con Savater, la ética no es sino una estrategia para
autoafirmar nuestra vida en cuanto humana, es decir, comunitaria y libre
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